Entrevista: Ignasi Fàbregues Barceló - Una vida marcada por las corrientes, desde el río Ebro hasta los Juegos Olímpicos
A Ignasi le apasionan las pruebas de ultra resistencia: triatlón (Ironman), ciclismo y carreras de ultra trail. Todavía le queda un reto personal pendiente: completar la maratón de natación UltraEbre. Ignasi creció entendiendo el deporte no como un espectáculo, sino como una forma de vida.
Más de quince años después, esa misma forma de entenderlo le guía como director general del Comité Olímpico Nacional de Irak, donde lidera federaciones, atletas e instituciones deportivas hacia la transformación y las oportunidades.
Nunca se propuso convertirse en ejecutivo deportivo. Empezó como atleta. Era uno de los jóvenes competidores de un centro de alto rendimiento, el CTE Terres de l'Ebre, en la región de Amposta, Cataluña. Con el tiempo, acabaría convirtiéndose en director general del centro.
Esos primeros años le enseñaron la resiliencia, la disciplina y la tranquila constancia necesarias para una carrera exigente
Hoy en día, esas lecciones siguen siendo la base de su liderazgo. Decisiones estratégicas, incluso al más alto nivel.
El río que lo empezó todo
Su historia no puede separarse de Amposta, en Cataluña, ni del río Ebro que atraviesa su paisaje. Trabajaba como director deportivo cuando nació la maratón de natación UltraEbre. Fue una idea que se convirtió en una reunión y luego en una tradición. Vio cómo el evento transformaba la región, uniendo a atletas, espectadores, familias y empresas locales en una celebración compartida de la naturaleza y la resistencia.
Para él, la UltraEbre siempre ha sido más que una carrera de natación de larga distancia. Es un recordatorio de que una comunidad se fortalece cuando las personas se mueven juntas, hacia algo significativo. Aporta visibilidad, orgullo y turismo a la zona que él sigue considerando su hogar. Y aunque aún no ha nadado toda la distancia, el reto sigue presente.
Liderazgo más allá de las medallas
En Irak, Ignasi ha sido testigo de cómo el deporte puede reconstruir comunidades, confianza y esperanza. Trabajando junto a atletas y federaciones, ha visto cómo la cooperación se convierte en progreso y el progreso en orgullo. Lo que más le conmueve no es la victoria en sí, sino el esfuerzo colectivo que hay detrás y la voluntad de creer en algo más grande que uno mismo. Sabe que el liderazgo no se mide únicamente por los podios o los resultados. Para él, el éxito es un cambio estructural.
La educación como ancla
Incluso durante sus años como atleta, Ignasi nunca consideró el deporte como un camino único y absorbente. Cree profundamente en la unión del desarrollo físico e intelectual. Los atletas que estudian, reflexionan y cuestionan se vuelven más adaptables, más resilientes y más capaces de construir una vida más allá de la competición.
A menudo habla de su gratitud hacia su familia y sus padres, que le animaron a seguir estudios académicos, y hacia la orientación que le impidió tomar decisiones a corto plazo con consecuencias a largo plazo. Cree que la educación no es un plan de respaldo, sino la base sobre la que se construyen los sueños deportivos y las vidas.
Una visión para el futuro del olimpismo
En Amposta, junto con mi equipo, logramos transformar la ciudad en un referente para el deporte y el turismo deportivo mediante una planificación estratégica, una gestión eficiente y la optimización de las instalaciones, que se convirtieron en un modelo a nivel nacional.
Ahora, en Irak, aplico esos mismos principios a una escala mucho mayor, adaptándolos a contextos más complejos y promoviendo la colaboración entre múltiples partes interesadas. El objetivo sigue siendo el mismo: fortalecer el movimiento olímpico y crear un impacto positivo tanto para los atletas como para las comunidades, demostrando que pequeños cambios en los procesos pueden conducir a transformaciones significativas en la sociedad.
Mi visión es a largo plazo y me esfuerzo por garantizar que las medallas no sean los únicos indicadores de éxito. Lograr cambios estructurales y procedimentales que permitan el desarrollo sostenible del país, al tiempo que se promueve el deporte de base, la igualdad de género y la igualdad de oportunidades, así como la profesionalización en la gestión deportiva, sería un verdadero logro.
Lo que realmente significa la resistencia
Para mí, la visión del movimiento olímpico se puede resumir en una frase: inspirar a través del deporte para construir sociedades más justas. Espero que, en la próxima década, los jóvenes atletas vean el olimpismo no solo como una oportunidad para competir, sino también como un camino para el crecimiento personal, la colaboración y los valores universales que les acompañarán a lo largo de sus vidas.
Esto es especialmente necesario en una sociedad cada vez más sedentaria, en la que el deporte puede promover hábitos saludables, la inclusión y el bienestar. El deporte debe utilizarse como una herramienta global para el desarrollo, la paz y la inclusión. Es cierto que el enfoque en estos objetivos es cada vez más claro y que la sociedad los está adoptando cada vez más.
El deporte es un verdadero compañero de vida: nos acompaña en diferentes etapas, de diferentes maneras, pero siempre está ahí, impulsándonos a ser mejores. Creo en su poder transformador.